lunes, 22 de abril de 2013

19 febrero

19 febrero
Si está justo a mano, no interesa. Si hay alguna dificultad pero es posible, entonces, parece ser lo más importante. Generalidades, teorías. Se quedan en el papel. No es plan de sacar fórmulas comunes. Es un engaño.

Y mientras tanto, alguien me miraba. Ojos clavados en la nuca. Ojos que se sienten (al menos en ese momento). Y entonces, agobio. Esos ojos intentan resquebrajar la pompa anti-cosas malas, la pompa de la libertad. Tan pequeña y tan abstracta, pero tan segura (aunque es difícil de entrar, y poco tiempo puedes permanecer en ella). La mosquitera. El hueco. En definitiva, la Seguridad. La inocencia incluso podría ser. Esos ojos, que había dejado de sentir por fin, -cuyo torso desnudo bajo cuello yacía boca arriba descansando y digiriendo el alcohol-, esos ojos se alían con la boca para hacer un duro ataque a La Pompa.

-¿Me lo pasas pa que fume?

¡Mierda! Claro que sí. Pero, ¡estaba tan bien en mi propio lugar! Se ha resquebrajado bastante. No importa, con decisión se consigue volver a entrar.

-Me pregunto qué escribirás.
-Solo tonterías.

Ahora sí que la he cagado. Mis ojos y mi boca no han hecho caso de mis órdenes de no interactuar. Como vuelva a abrir la boca esta todo perdido. De hecho ya lo está. He vuelto al mundo de la interacción.

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